Pero ahora experimento algo diferente. El mundo no empieza. Simplemente se detiene. Es como si me regalaran tiempo para pensar. Eso es porque la manera en la que veo el mundo depende del lugar que elija para hacerlo. Entonces he cambiado el punto de referencia y ya no es el día, ahora es un lugar más profundo y amplio.
Es tan espiritual, atemporal, mágico. Un espacio en el que el silencio y la paz se imponen y te permiten ser auténtica(o).
En conclusión, he detenido mi mundo.
Porque el mundo en sí no se detiene, pero yo creo que uno sí puede detener su mundo. La pregunta es cuándo hacerlo. Y si me pongo más reflexiva, considero que a veces son los demás los que detienen tu mundo. Y ahí está la clave. ¿Quién es el que finalmente le pone pausa?.
Es tan espiritual, atemporal, mágico. Un espacio en el que el silencio y la paz se imponen y te permiten ser auténtica(o).
En conclusión, he detenido mi mundo.
Porque el mundo en sí no se detiene, pero yo creo que uno sí puede detener su mundo. La pregunta es cuándo hacerlo. Y si me pongo más reflexiva, considero que a veces son los demás los que detienen tu mundo. Y ahí está la clave. ¿Quién es el que finalmente le pone pausa?.
Sea cual sea la respuesta, lo que creo que el escenario ideal es reconocer la pausa, ponerte frente a frente con ella, saludarla, agradecerle y valorarla.
Ella estará contenta de sentirse bienvenida y de esta manera será un ganar - ganar.